El héroe supera todos los obstáculos, derrota a sus enemigos y salva a la princesa. Los dos son guapos, altos, de piel clara, nobles, inteligentes «y fueron felices y comieron perdices». Mientras, el resto la bruja y el payaso de circo, el fragüero y la cantaora o el vagabundo y el vendedor ambulante no tiene derecho ni a la palabra. La moraleja es sencilla: si encajas en el marco eurocéntrico, al final todo irá bien y la historia estará de tu parte; si no, te mereces cualquier tragedia que te ocurra. Pero ¿es que no hay otros modos de crear identidades y entendernos? Necesitamos buscar y reivindicar cuentos y voces que supongan la superación de identidades excluyentes y estancas. Un día entre los días es una selección de cuentos
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