«En la literatura y el cine, los viajes suelen ser el lugar donde ocurre alguna revelacion vital, pero afortunadamente esa clase de epifania no se da en este libro. En Diario chino, Santiago Loza llega a Shanghai despues de aos de espera y lo que encuentra, lejos del imperativo del asombro, es un territorio opaco. Una distancia entre lo que ve y lo que puede sentir, entre el cuerpo que viaja y la mente que no termina de llegar. El jet lag, el dolor fisico, la lengua ajena, la dificultad para orientarse. Todo en este libro conspira contra el mito del viaje como iluminacion. Pero ahi, en ese fosforo mojado que es.
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