El tecnato del fin del mundo le pone rostros, nombres y agenda a la historia de nuestra época: un capitalismo sin humanos en el circuito, en las ruinas de la democracia neoliberal, conducido por una casta que perdió la fe en un proyecto colectivo de civilización y acelera hacia el futuro con la esperanza estúpida de acumular lo suficiente como para sobrevivir a un colapso que ellos mismos, en su carrera, están provocando. Una mala noticia y una buena. La mala es que nada de esto es ficción. Y sigue sucediendo mientras leés. La buena es que el futuro aún no está escrito.
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