Hijo del barrio y la cultura de masas, el militante de las primeras veces –Fabián Casas, el boedista rocker– no tolera las jerarquías. La palabra “cultura” no designa para él el feudo que Castelnuovo o Barletta contemplaban del otro lado de un cristal blindado, ni la caja fuerte que Silvio Astier saqueaba a los ponchazos; es un horizonte de bienes disponibles, ya expropiados de algún modo por el mercado, de los que puede apoderarse sin infringir ley alguna, con el ardid de una acrobacia del lenguaje. Austerlitz se vuelve Asterix, Shakespeare Chespirito… Hay mucho del Arlt de El juguete rabioso en Casas: la idea de que toda iniciación literaria es una iniciación de lector, el exhibicionismo, el elogio de la voracidad, el juego a dos puntas.
CORREO ARGENTINO
DESCUENTO DEL 10% POR TRANSFERENCIA BANCARIA
Protegemos tus datos