Un libreto de ópera, como una letra de canción, es un texto que debe invitar a ser cantado –cantado de una manera amplia– pero no a ser hablado. Si un pretendido libreto de ópera puede ser hablado deja de ser un libreto. Así de simple. Y si es leído en voz baja, tiene que estimular la imaginación musical, el lector tiene que poder imaginarlo cantado y rodeado de música. Un buen libreto de ópera –pensemos en los clásicos– suele tener atributos que la palabra cotidiana no necesariamente posee: ritmo, musicalidad, repeticiones, enumeraciones, formas extraordinarias de nombrar cosas, exageraciones, locura, y, sobre todo, concisión, poder decir un máximo de ideas y acciones con un mínimo de palabras. Creo que La astilla de hueso tiene todos esto
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