Si bien desde siempre la pintura había sido parte del mundo circundante de Lawrence, no será hasta entrado en sus 40 años cuando, casi por casualidad, se vuelva un modo más de su producción artística, literalmente, un objeto encontrado. En estos tres textos, juntos por primera vez en castellano, el escritor inglés da testimonio de esta “irrupción”. Meses antes de su prematura muerte, Lawrence se revela por entero, están sus temas, sus obsesiones: la invectiva contra la moral victoriana que condenó al arte pictórico a una expresión de pura racionalidad, temerosa y sin cuerpo; la redención de la naturaleza, con la manzana de Cézanne como intercesora, resurrección del cuerpo y lo sensible.
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