Una mujer intenta llevar una vida nueva mientras algo de otra época insiste en regresar. Un encuentro, unas cartas y un recuerdo que parecía inofensivo empiezan a mover las piezas. En otro tiempo –¿o acaso en el mismo?– hubo un deseo que encontró su forma en la escritura, una relación clandestina y una mujer que escribió para complacer a otro. O eso se dijo. En La travesía, Luisa Valenzuela convierte el cuerpo en territorio y el deseo en brújula. Lo erótico no es aquí un desvío, sino una vía de conocimiento: cada encuentro desarma certezas, cada gesto íntimo abre una fisura por donde se filtra lo esencial. Travesía hacia el otro y hacia una misma, la novela explora el vértigo de perderse para encontrarse.
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