"Nosotros, los perros, desde el punto de vista de la susceptibilidad nerviosa, somos siete veces más delicados que los humanos, si no más. Los humanos, para entenderse, necesitan distinciones externas, palabras, cambios de voz, miradas y contacto físico. Yo, en cambio, conozco sus almas sencillamente, solo por mi olfato interior. Siento por vías misteriosas, ignotas, vibrantes, cómo sus almas enrojecen, palidecen, se estremecen, envidian, aman, odian. Cuando el Amo no está en casa, sé a lo lejos si ha tenido buena o mala fortuna. Y me alegro o me entristezco".
CORREO ARGENTINO
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