Los cuentos de Las cosas que pasan afuera transcurren en una Argentina de gente sola. Los personajes de Espinel ven el mundo como a través de un cristal, actúan en él como peces en un acuario. Lejos de quedarse en una mera literatura reflexiva, el autor pone a la soledad en acción desatando el caos: un hombre que diariamente viaja en tren sumido en sus dibujos, decide hacer un esbozo de un mendigo que tiene una “pata de pollo”; un padre incapaz de contener y comprender la ira de su pequeño hijo se pierde en meditaciones orientales; un hombre llega a un pueblo sin recordar por qué se tomó un micro en esa dirección.
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