La protagonista de Nada frente a la derrota intenta dejar atrás un amor fallido. Se puede llamar a eso duelo y acaso, si nos atenemos a los códigos del fútbol femenino amateur que marca el ritmo de esta historia, también puede llamarse derrota. En esta novela, el lenguaje futbolístico pierde sus automatismos, su condición reglamentaria, y se vuelve metáfora: un juego donde el cuerpo funciona por delante de la mente y cuyo resultado muchas veces puede ser tan injusto como el amor. De rota a entera va esta narradora, y ese recorrido la conduce a una observación minuciosa de los detalles, fragmentos sueltos del que era su mundo, mientras se prepara para darle algún orden nuevo.
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