En 1993, el cineasta Raúl Ruiz comenzó a escribir un particularísimo diario íntimo, que solo sería interrumpido por su muerte, ocurrida en 2011, anotándolo casi todos los días y en ocasiones varias veces al día. Al principio se trataba simplemente de «calendar» o de llevar un registro de sus jornadas, cautelando que los hechos significativos o «mayúsculos», como los llamaba, aparecieran siempre diluidos entre los hechos «minúsculos», para no dar a entender que la vida se compone únicamente de sucesos reveladores o de ocurrencias geniales.
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