El legado de Gabriela Mistral crece año a año con una fuerza admirable. Sus libros se multiplican recuperando poemas inéditos, cartas, recados o ensayos, distintas formas que revelan la extraordinaria potencia de su escritura. Poeta de la naturaleza y la espiritualidad, de la maternidad, de la niñez, del amor y la muerte, con un ritmo y un lenguaje único, “hacia la conquista de una ardiente lucidez” –en palabras de Luis Oyarzún–, descubrió “formas particulares y significativas de la esencia humana misma” que iluminan la vida y el arte. Tal vez sea esa capacidad de visión lo que ha hecho imperecedero su legado, que la hizo peregrinar de “la cátedra de maestra de escuela al trono de la poesía”
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