Al pensar en Iggy Pop un puñado de canciones llegan a nuestra mente de forma inmediata. El clamor de una cadencia profunda a través del tiempo. Una misma melodía de voz llena de variantes que conforman un mensaje unido en el viento que atraviesa la contingencia. Iggy no solamente canta, no solamente es un letrista. Nos habla, nos susurra al oído, nos grita en la cara, nos aúlla desde una caverna atemporal, nos narra desde cierta distancia, nos explica sin bajar línea, aunque no comprendamos el idioma, aunque no estemos familiarizados con los códigos de su barrio, de su ciudad.
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