Poco tiempo después de la muerte de Leopoldo Brizuela, su último entrevistador viaja a La Plata para conocer a su viudo. Espera reunir algunos materiales y algún texto inédito para completar el dossier que le encomendaron. Al llegar, Ariel no solo le abre las puertas de su casa y de una intimidad atravesada por el duelo, sino que pone a su disposición un archivo descomunal: armarios repletos de diarios íntimos, correspondencia, cuadernos de trabajo y manuscritos inéditos que Brizuela ordenó y catalogó cuidadosamente durante sus últimos meses de vida y que Ariel ha estado leyendo obsesivamente. Pronto, la que sería una única visita se transformó en varias más, a las que seguirían cinco años de exploración poblados de lecturas.
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