La lingua franca del imperio llama "coming of age" a la aventura de tumbos y fluidos que se presenta cuando la presión que ejerce el mundo se posa sobre un cuerpo nuevo. Pero en poesía no existe tal cosa porque, como escribió Lezama Lima, "es estúpida la frase madurez poética, es imposible encontrarle un sentido". Quizás por eso el camino es al revés: hacia la infancia, la pubertad, la inmadurez, las erratas, la alienación. Para moverse hacia esa tierra de vergüenza y fantasía, en Acelera, animal Andrés Restrepo Gómez esquiva el carácter lánguido y desmemoriado de lo actual y se interna en un área no exenta de peligro: repasa escenas y tópicos, y lanza múltiples referencias (sobre todo cinematográficas).
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