A mirar y aprender, Roc. Con esa invitación comienza Clases de sapito, un relato que convierte una tarde a la orilla del agua en un ritual de aprendizaje, juego y memoria. La protagonista le enseña a Roc su perro, compañero atento y curioso el arte secreto de elegir la piedra justa. No cualquier piedra: una mediana, gris, redondeada, planita, como si un gigante se hubiera sentado sobre ella. La lección es minuciosa y amorosa. Hay que balancearse, sentir el peso en los pies, mirar el cielo. Lanzar hacia adelante, hacia el horizonte. Y después, mirar. Mientras la piedra rebota y se aleja, el gesto se vuelve herencia.
CORREO ARGENTINO
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