En Llegué cansada a la felicidad, Patricia González López indaga en la herencia de clase y el agotamiento contemporáneo. Escribe contra la explotación, la obediencia y las falsedades del mundo, desde la infancia obrera hasta la adultez meritocrática. Sus poemas reclaman una justicia corporal y resisten la sumisión, mientras imaginan una salida al colapso: el deseo sin miedo y la posibilidad de un amor que no hiere ni negocia.
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