"No sería descabellado pensar la escritura de Elvira Hernández como el plano de una ciudad imposible. Sus libros, orgánicos en sus tramas y texturas, serían bocetos urbanos marcados por la extrañeza, porque en aquella ciudad habría más desvíos y barricadas que parques para el paseo de mascotas. En medio de esa metrópoli apocalíptica emergería la caminante solitaria, la propia autora, que no cesa de merodear cada rincón y que registra todo con el músculo del ojo: “una lengua elongada”. Tal como dicen los versos del primer poema de Santiago Waria: “Anda sola/ mira para atrás/ solo tú quedas/ en el camino/ Anda Sola Teresa vieja”.
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