Luis Chitarroni decía que las mejores biografías son esforzados ejercicios de cifrar un destino. Aquí, sus amigos lo “evocan a sus anchas” mientras él “se esconde, como toda deidad”. Leámoslo entonces a campo traviesa, en sus barros y rastrojos, con sus bombachas de campo y alpargatas, también cuando baja a comer en saco de tweed, foulard y barbado en su versión de aristócrata ruso —aunque él se buscara en Chéjov y apareciera en Tolstói—. Luis Chitarroni ilustró a generaciones, soñó con los Swinging Sixties, habló mil lenguas.
CORREO ARGENTINO
DESCUENTO DEL 10% POR TRANSFERENCIA BANCARIA
Protegemos tus datos